Diputados bajo control en la peor crisis política del oficialismo

Tras semanas de desgaste por escándalos internos, errores legislativos y ruido en la comunicación, el Gobierno ordenó cerrar filas en Diputados: ningún proyecto podrá avanzar sin aval previo del Ejecutivo. La medida busca contener la crisis y retomar la iniciativa parlamentaria.
El Gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más sensibles desde el inicio de la gestión y decidió avanzar con un fuerte reordenamiento político dentro del Congreso. En las últimas horas, la conducción del bloque de La Libertad Avanza en Diputados bajó una instrucción tajante a sus legisladores: ningún proyecto podrá presentarse sin autorización expresa de la Casa Rosada.
La decisión llegó luego de una serie de semanas marcadas por el desgaste político que provocaron distintos frentes abiertos: el caso $Libra, la polémica por créditos hipotecarios a funcionarios del Banco Nación, la crisis en ANDIS y las repercusiones por la situación del jefe de Gabinete Manuel Adorni, cuyo futuro dentro del esquema de poder comenzó a ser observado “semana a semana” por sectores del oficialismo.
El malestar interno también se profundizó por la presentación de proyectos inconsultos por parte de diputados libertarios, que abrieron debates sensibles en un recinto ya polarizado. Entre ellos se mencionan iniciativas sobre el 24 de marzo, propuestas para avanzar sobre la derogación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo y otras movidas individuales que, aunque alineadas con la agenda ideológica libertaria, fueron consideradas políticamente inoportunas.
En paralelo, en la Casa Rosada buscan recuperar el control de la agenda pública y legislativa. La prioridad pasa por volver a marcar la agenda desde el Ejecutivo, acelerar proyectos estratégicos y evitar nuevos errores que profundicen la sensación de improvisación. En ese marco, el oficialismo busca retomar impulso con iniciativas como la reforma de la Ley de Glaciares, la reforma electoral y otros paquetes legislativos impulsados por el círculo político más cercano al Presidente.
Puertas adentro, la orden es clara: cerrar filas, disciplinar al bloque y evitar cualquier gesto de autonomía parlamentaria. Lo que en 2023 se presentaba como una fuerza política disruptiva hoy mutó hacia una lógica de obediencia interna y control centralizado, en un intento por atravesar la tormenta política sin que el desgaste termine afectando la gobernabilidad.



