Subsidios para pocos, ajuste para muchos

La discusión por la reformulación del régimen de zona fría volvió a exponer una de las principales críticas que enfrenta el gobierno de Javier Milei: el peso del ajuste recae con fuerza sobre los sectores medios y trabajadores, mientras las grandes empresas continúan obteniendo alivios millonarios.
El intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, sintetizó esa contradicción con una frase que rápidamente ganó repercusión política: “Mientras reformulan el régimen de zona fría para quitar subsidios en miles de hogares, le perdonan a Edenor y Edesur una deuda de más de 1.800 millones de dólares”. La comparación no es menor. En un contexto de caída del salario, aumento de tarifas y deterioro del consumo, el mensaje apunta directamente a la legitimidad social del ajuste.
La tensión alrededor de las tarifas energéticas se convirtió en uno de los ejes más sensibles de la política económica libertaria. El Gobierno sostiene que debe reducir subsidios para alcanzar el equilibrio fiscal y transparentar costos. Sin embargo, cada nuevo aumento de gas o electricidad golpea sobre familias que ya enfrentan una fuerte pérdida de poder adquisitivo. En provincias y municipios alcanzados por el régimen de zona fría, el temor es concreto: facturas que podrían duplicarse en pleno invierno.
La crítica de Gray busca además poner el foco sobre otra dimensión menos visible del esquema económico: los acuerdos con grandes compañías energéticas. Mientras millones de usuarios afrontan incrementos y posibles recortes de beneficios, las distribuidoras eléctricas negocian deudas, compensaciones y reestructuraciones con el Estado. Allí aparece la pregunta política de fondo: ¿quién absorbe realmente el costo del ajuste?
No se trata solamente de una discusión técnica sobre subsidios o tarifas. Lo que está en debate es el criterio distributivo detrás de las decisiones económicas. El Gobierno argumenta que los subsidios generalizados distorsionan la economía y generan déficit. La oposición replica que el problema no es únicamente cuánto se ajusta, sino sobre quiénes recae ese esfuerzo.
La frase final de Gray resume esa disputa: “Le exigen más esfuerzo a quienes trabajan, pero alivian obligaciones millonarias de grandes compañías”. En medio de una recesión profunda, despidos y caída del consumo, el impacto político de esa percepción puede ser tan importante como las propias variables económicas.



