Infancia en crisis: más del 50% vive en la pobreza

Un informe reciente advierte que la pobreza infantil supera el 50% y expone un problema estructural que se agrava en contextos de crisis. Especialistas señalan que el fenómeno combina caída de ingresos, informalidad laboral y desigualdad territorial.
La pobreza infantil en la Argentina continúa en niveles críticos. Según un informe difundido por Noticias Argentinas, más de la mitad de los niños, niñas y adolescentes vive en condiciones de pobreza, una cifra que refleja la profundidad de la crisis social y su impacto desigual.
El dato se alinea con mediciones recientes de organismos como UNICEF y el INDEC, que ya habían advertido sobre niveles superiores al 50% en distintos momentos de 2024 y 2025, con picos aún más elevados en el Conurbano bonaerense y el norte del país.
De acuerdo con UNICEF, la pobreza infantil no solo implica falta de ingresos, sino también carencias en alimentación, acceso a salud, educación y condiciones habitacionales. En ese sentido, el organismo viene alertando sobre el aumento de la pobreza “multidimensional”, que afecta de manera más severa a los sectores más vulnerables.
A su vez, estudios del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA) señalan que la pobreza infantil puede superar el 60% si se consideran indicadores más amplios que el ingreso. Estos trabajos remarcan que el fenómeno tiene un carácter estructural y se sostiene incluso en períodos de recuperación económica.
Uno de los factores centrales es la situación laboral de los adultos responsables. Según datos del INDEC, la alta informalidad y los bajos salarios limitan la capacidad de los hogares para cubrir necesidades básicas. A esto se suma el impacto de la inflación, que erosiona el poder adquisitivo, especialmente en alimentos.
Informes de CEPAL ubican a la Argentina entre los países con mayores niveles de pobreza infantil en la región, pese a contar con programas de transferencia de ingresos como la Asignación Universal por Hijo (AUH), que si bien amortiguan la caída, no logran revertir la tendencia.
En paralelo, especialistas advierten sobre las consecuencias de largo plazo. La pobreza en la infancia afecta el desarrollo cognitivo, la trayectoria educativa y las oportunidades futuras, consolidando un círculo intergeneracional difícil de romper.
El desafío, coinciden distintos informes, no se limita a la asistencia social, sino que requiere políticas integrales sostenidas en el tiempo: mejora del empleo, estabilidad macroeconómica, acceso a servicios básicos y fortalecimiento del sistema educativo.
En este contexto, el dato de que más de la mitad de los chicos en la Argentina es pobre no aparece como un fenómeno coyuntural, sino como la expresión más crítica de una desigualdad persistente que atraviesa al país desde hace décadas.



