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La deuda para sobrevivir

El endeudamiento de las familias argentinas dejó de estar vinculado principalmente con la compra de bienes durables o gastos extraordinarios y pasó a cubrir necesidades básicas. Dos relevamientos recientes muestran que alimentos, servicios y vivienda concentran buena parte de las nuevas deudas, mientras crece el número de personas que toma créditos para cancelar obligaciones anteriores.

Un estudio del Instituto Periferias, realizado sobre 5.000 casos en barrios populares de 15 provincias, reveló que el 61,8% de las personas consultadas está endeudado y que el 59,8% debió pedir dinero prestado o recurrir al crédito para comprar alimentos.

El fenómeno refleja un cambio en la economía cotidiana de los sectores de menores ingresos. Según explicó Daniel Menéndez, titular del instituto, antes las familias recurrían al endeudamiento frente a emergencias o gastos excepcionales, mientras que ahora la deuda aparece de manera recurrente para garantizar consumos esenciales.

Otro relevamiento, elaborado por la consultora Inteligencia Analítica, muestra una situación todavía más delicada dentro del universo de personas que ya reconocen dificultades económicas. La encuesta abarcó 2.252 casos y proyectó sus resultados sobre unos 4,64 millones de personas en situación vulnerable.

En ese segmento, el 86,4% no consigue cubrir todos los gastos familiares. Además, el 76,5% indicó que se endeudó principalmente para afrontar alimentos o gastos vinculados con la vivienda.

La tarjeta de crédito ocupa un lugar central. Casi la mitad identifica los consumos con tarjeta como su principal deuda y apenas el 36% pudo cancelar el último resumen en su totalidad.

Uno de los datos más preocupantes es la denominada “deuda para pagar deuda”: el 77,2% tomó nuevos compromisos financieros para cancelar obligaciones anteriores al menos una vez durante los últimos seis meses, mientras que el 63,2% debió hacerlo en más de una oportunidad.

La consecuencia es un círculo de refinanciación y atraso. Dentro del grupo analizado por Inteligencia Analítica, el 62,1% reconoce tener actualmente algún pago vencido y uno de cada cinco acumula una mora de tres meses o más.

Los datos oficiales del Banco Central confirman que el deterioro excede estos relevamientos privados. En junio de 2026, la mora de los créditos otorgados a familias por el sistema bancario llegó al 12,8%, frente al 5,2% registrado un año antes. Es decir, en doce meses el indicador más que se duplicó.

La situación es todavía más delicada fuera de los bancos tradicionales. El último informe disponible sobre proveedores no financieros de crédito —fintech, cooperativas, mutuales y otras entidades— registró una irregularidad del 26,9%, que trepaba al 34,1% en préstamos personales.

El cuadro muestra una transformación significativa del crédito doméstico: para una parte creciente de la población ya no funciona como un mecanismo para anticipar consumo futuro, sino como complemento de ingresos insuficientes. Cuando la deuda se utiliza para comprar comida, pagar servicios y luego solicitar otro préstamo para cancelar el anterior, el problema deja de ser exclusivamente financiero y pasa a revelar una crisis más profunda en la capacidad de los hogares para sostener sus gastos corrientes.

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