Milei apuesta a Starlink mientras ARSAT arriesga una posición orbital estratégica

El Gobierno comprometió casi US$12 millones de fondos públicos en un acuerdo con la empresa de Elon Musk para conectar 6.000 escuelas. Desde ARSAT advierten que el servicio comercial de Starlink puede costar hasta casi tres veces más que el de la compañía estatal. Al mismo tiempo, el proyecto del satélite argentino SG1 acumula demoras y la protección de la estratégica posición orbital 81° Oeste vence en junio de 2028.
Mientras el futuro de ARSAT y del tercer satélite argentino permanece rodeado de incertidumbre, el Gobierno de Javier Milei profundiza su apuesta por Starlink, la compañía de internet satelital de Elon Musk.
El último paso fue la formalización de un programa para conectar 6.000 escuelas rurales. Según la Resolución 857/2026 del ENACOM, el proyecto tiene un valor total de US$21,876 millones. Starlink aporta kits y los primeros 24 meses de conectividad, valuados en US$9,978 millones, mientras que el Fondo del Servicio Universal desembolsará US$11,898 millones de recursos públicos para instalaciones, soporte, administración, monitoreo y el tercer año de servicio.
La comparación con ARSAT encendió las críticas. Ezequiel Mc Govern, responsable de Innovación de la empresa estatal, señaló que una conexión satelital de ARSAT cuesta aproximadamente US$60 a US$70 mensuales por establecimiento, mientras que el valor comercial de referencia atribuido al servicio corporativo de Starlink ronda los US$160 mensuales.
Es decir, Starlink puede costar entre 2,3 y 2,7 veces más: casi el triple que ARSAT en el extremo inferior de la comparación. Para 6.000 escuelas, un abono de US$160 representaría US$960.000 mensuales, frente a entre US$360.000 y US$420.000 con las tarifas informadas por la empresa estatal.
El acuerdo oficial contempla durante los primeros tres años condiciones promocionales diferentes, por lo que esa comparación no equivale exactamente al desembolso efectivo del Estado durante ese período. Pero el interrogante aparece hacia adelante: qué ocurrirá con el precio cuando termine el esquema inicial y por qué no se realizó un concurso competitivo que permitiera a ARSAT y a otros operadores presentar sus propias propuestas. Especialistas del sector cuestionaron precisamente esa ausencia de competencia.
Una posición orbital en riesgo
El contraste adquiere una dimensión estratégica. ARSAT desarrolla desde hace años el ARSAT-SG1, un satélite de nueva generación diseñado, entre otros objetivos, para proteger la posición orbital geoestacionaria 81° Oeste en banda Ka y brindar banda ancha en zonas alejadas de las redes terrestres.
Esa posición y sus frecuencias asociadas constituyen un recurso escaso asignado internacionalmente a la Argentina. Para conservar los derechos es necesario cumplir los plazos establecidos por la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
ARSAT contrató un satélite transitorio para mantener protegida la posición, pero esa cobertura se extiende solamente hasta junio de 2028. Para entonces, el SG1 debería estar en condiciones de garantizar la continuidad de los derechos argentinos.
El proyecto, sin embargo, todavía demanda recursos significativos. Un informe oficial estimó su costo total en US$336,9 millones, de los cuales apenas el 44% había sido pagado, quedando alrededor de US$189,9 millones pendientes.
Así aparece la paradoja: mientras se demora una infraestructura satelital propia que permitiría fortalecer la soberanía tecnológica y proteger un activo orbital argentino, el Gobierno destina millones del Fondo del Servicio Universal a consolidar la presencia de Starlink en un mercado que ARSAT ya atiende.
No se trata solamente de elegir quién provee internet a una escuela rural. En juego está también qué lugar ocupará el Estado argentino en el negocio satelital y si el país conservará capacidad tecnológica, infraestructura y posiciones orbitales propias o terminará dependiendo cada vez más de proveedores extranjeros.



