La CGT debate cómo salir a la calle

La conducción de la central obrera impulsa protestas sectoriales y escalonadas contra la reforma laboral, pero un grupo de gremios reclama endurecer la respuesta con un paro nacional de 36 horas.
La CGT volverá a discutir esta semana su estrategia frente al Gobierno de Javier Milei, en medio de una creciente tensión interna por el alcance del plan de lucha contra la reforma laboral y la revisión de los convenios colectivos de trabajo.
El Consejo Directivo de la central sindical se reunirá el jueves en la sede de Azopardo 802 con el objetivo de ordenar posiciones y definir una hoja de ruta común. Sin embargo, la conducción mayoritaria se inclina por una modalidad gradual, con protestas sectoriales, asambleas, movilizaciones y paros escalonados, mientras un grupo de gremios considera insuficiente esa respuesta y pedirá avanzar con una huelga nacional de 36 horas.
El sector más duro está integrado por sindicatos como Gastronómicos, la Unión Tranviarios Automotor y La Fraternidad. Sus referentes sostienen que la CGT viene mostrando una postura demasiado moderada frente al avance oficial sobre las condiciones laborales y que la situación exige una medida de fuerza de mayor impacto político.
La discusión se aceleró luego de que el Gobierno pusiera en marcha la revisión de convenios colectivos vencidos, en el marco de la reglamentación de la Ley de Modernización Laboral. Para la Casa Rosada, el objetivo es actualizar acuerdos antiguos y adaptarlos a nuevas realidades productivas. Para el sindicalismo, en cambio, se trata de una ofensiva que puede debilitar la negociación por actividad, favorecer convenios por empresa y abrir la puerta a una reducción de derechos laborales.
Uno de los triunviros de la CGT, Jorge Sola, advirtió que ese camino puede derivar en una situación de “dumping laboral”, con empresas compitiendo a partir de salarios más bajos y peores condiciones de trabajo. Desde la conducción cegetista sostienen que la negociación colectiva debe seguir teniendo como base a los sindicatos nacionales y los convenios de actividad, aunque admiten que existen diferencias regionales y sectoriales que pueden ser discutidas dentro de ese marco.
La cúpula sindical analiza un esquema inspirado en las protestas francesas contra la reforma jubilatoria de Emmanuel Macron: medidas alternadas por sectores, con paros, movilizaciones y acciones sucesivas que mantengan el conflicto abierto durante varias semanas, sin cargar todo el costo económico sobre los mismos trabajadores en una sola jornada.
Ese diseño, sin embargo, choca con la presión de los gremios que reclaman una respuesta más contundente. Para ese sector, la revisión de los convenios y la política laboral del Gobierno requieren una señal nacional inmediata, capaz de mostrar fuerza y disciplinar a la propia CGT detrás de una posición más confrontativa.
La decisión final quedará atravesada por dos factores: la capacidad real de garantizar acatamiento en una nueva medida general y el temor a sanciones oficiales, especialmente en actividades alcanzadas por servicios mínimos o conciliaciones obligatorias. En ese marco, la reunión del jueves aparece como una prueba clave para medir si la CGT logra ordenar su interna o si las diferencias entre dialoguistas y duros vuelven a condicionar su estrategia frente al Gobierno.



