Endeudados: una crisis que alcanza a millones de argentinos

La movilización de organizaciones sindicales, sociales y de consumidores frente al Ministerio de Economía volvió a poner en el centro de la escena una realidad que atraviesa a millones de hogares argentinos: el endeudamiento ya no funciona como una herramienta para mejorar el consumo o planificar gastos extraordinarios, sino como un recurso de supervivencia para llegar a fin de mes.
La protesta reunió el reclamo de sectores que denuncian una expansión del crédito asociada al deterioro de los ingresos, el aumento del costo de vida y el peso creciente de las tasas. En ese marco, el Mapa de la Deuda aparece como una herramienta clave para dimensionar el problema: permite observar cómo se distribuye territorialmente el endeudamiento, la morosidad y la concentración de obligaciones impagas en todo el país.
La plataforma muestra con claridad que el fenómeno no es aislado ni marginal. Detrás de los números aparece una crisis social extendida, con millones de personas que recurren a préstamos, tarjetas, billeteras virtuales y financiamiento no bancario para cubrir alimentos, servicios, medicamentos, alquileres y otros gastos básicos.
Una deuda cada vez más masiva
La nueva radiografía del endeudamiento formal en Argentina confirma la magnitud del problema. Actualmente hay 20,8 millones de personas con al menos un crédito formal y 5,8 millones registran atrasos superiores a los 90 días. Es decir, casi 6 millones de argentinos ya se encuentran en situación de mora.
Los datos muestran que el endeudamiento atraviesa múltiples canales. Los bancos concentran 14,3 millones de deudores, de los cuales 2,45 millones están en mora. Las fintech reúnen 10,1 millones de usuarios endeudados, con 2,41 millones que ya presentan atrasos. El panorama más crítico, sin embargo, se observa entre otros proveedores no financieros —como tarjetas de consumo, mutuales, cooperativas, casas de electrodomésticos y entidades similares—, que registran 5,2 millones de deudores y 2,7 millones en situación irregular.
Como una misma persona puede tener más de una deuda en simultáneo, los universos se superponen. Esa es justamente una de las claves del problema: no se trata solo de cuántas personas deben, sino de cuántas acumulan obligaciones por distintas vías y dejan de poder sostener los pagos.
El crecimiento de las fintech cambió el mapa financiero
Uno de los cambios más notorios de los últimos años fue la expansión del crédito otorgado por las fintech. Antes de la pandemia, menos de medio millón de personas tenían préstamos de este tipo. Hoy son 10,1 millones, y alrededor de 3,8 millones de ellas no poseen ningún crédito bancario.
El dato refleja hasta qué punto las plataformas digitales se convirtieron en una alternativa de financiamiento para sectores que necesitan complementar ingresos o directamente no logran acceder al sistema bancario tradicional. El proceso fue veloz y modificó el mapa financiero argentino en pocos años.
Sin embargo, la ampliación del acceso vino acompañada por un fuerte crecimiento de la morosidad. Actualmente, alrededor de 2,4 millones de personas tienen atrasos mayores a 90 días en sus deudas fintech. El fenómeno pone en evidencia que el crédito digital amplió la cobertura, pero también expuso a millones de usuarios a una dinámica de endeudamiento persistente y difícil de revertir.
Mucha cantidad de clientes, montos menores y más deuda en mora
Si se observan los montos prestados, los bancos siguen dominando ampliamente el negocio del crédito. Concentran el 81,1% del financiamiento analizado, equivalente a $67,2 billones. Las fintech representan el 11,7%, con cerca de $9,7 billones, mientras que el resto de los proveedores explica el 7,1%, unos $5,9 billones.
Pero la distribución cambia cuando se analiza la deuda irregular. Los bancos reúnen alrededor de $8,5 billones en mora, equivalentes al 63,3% del total atrasado. Las fintech concentran $2,2 billones, es decir, el 16,3%, y los demás proveedores no financieros acumulan aproximadamente $2,8 billones, el 20,4%.
La relación entre cantidad de clientes y volumen prestado muestra una característica central del fenómeno fintech: estas empresas tienen una enorme base de usuarios en proporción al dinero que financian. Eso se vincula sobre todo con préstamos de menor monto, de rápida aprobación y acceso más ágil que el crédito bancario tradicional.
Crédito rápido, pero con fondeo más caro
Las fintech sostienen que parte de las diferencias con los bancos se explica por su estructura de financiamiento. Mientras las entidades bancarias pueden utilizar depósitos para fondear sus préstamos, las empresas tecnológicas y otros proveedores no financieros deben recurrir principalmente a capital propio, financiamiento bancario o mercado de capitales.
Ese costo de fondeo más elevado termina trasladándose a las tasas que pagan los usuarios. El resultado es un acceso más rápido al crédito, pero en muchos casos a un precio mucho más alto.
El último informe del Banco Central sobre proveedores no financieros había advertido sobre este escenario. En febrero de 2026, la tasa nominal anual promedio de determinados préstamos personales fuera del sistema bancario alcanzaba el 144%. Al mismo tiempo, la irregularidad de la cartera de esos proveedores llegaba al 26,9%, casi diez puntos porcentuales por encima del nivel de seis meses antes.
Endeudarse para cubrir gastos corrientes
La marcha de los endeudados no surge en el vacío. El reclamo se apoya en una percepción cada vez más extendida: gran parte de la deuda reciente no se tomó para comprar bienes durables o realizar inversiones, sino para cubrir gastos cotidianos.
La pérdida de poder adquisitivo, el aumento de tarifas y servicios, los alimentos más caros y la persistencia de ingresos que no alcanzan empujaron a millones de familias a financiar consumos básicos con tarjetas, billeteras virtuales, préstamos personales o planes de refinanciación.
En ese marco, el crédito dejó de cumplir un rol de expansión del consumo y pasó a funcionar como una extensión artificial del salario. El problema aparece cuando ese mecanismo se vuelve permanente. Allí la deuda deja de ser una ayuda transitoria y se convierte en un peso estructural.
Inclusión financiera y sobreendeudamiento
La expansión del crédito fintech también tiene una lectura positiva: millones de personas que históricamente tenían dificultades para conseguir préstamos bancarios pudieron ingresar al crédito formal. Esa ampliación del acceso constituye un cambio importante en términos de inclusión financiera.
De hecho, un informe anterior de la Cámara Argentina Fintech y el ITBA mostraba que en febrero de este año 8,1 millones de personas tenían financiamiento fintech, más del doble que dos años atrás. El crecimiento continuó en los meses siguientes hasta superar ahora los 10 millones de usuarios.
Pero esa misma expansión coincidió con una caída pronunciada de la capacidad de pago. La combinación de ingresos insuficientes, utilización creciente del crédito para gastos corrientes, refinanciaciones y tasas elevadas derivó en un aumento sostenido de la mora.
Un mercado pequeño, con cada vez más morosos
La paradoja argentina es que, aun con este crecimiento, el crédito al sector privado sigue siendo reducido en comparación con otros países de la región. Según el sector fintech, representa alrededor del 13% del Producto Bruto Interno, muy por debajo de los niveles que muestran otras economías latinoamericanas.
El desafío, entonces, ya no parece ser solamente ampliar el acceso al financiamiento, sino evitar que esa expansión termine profundizando el sobreendeudamiento de los hogares.
La marcha frente al Ministerio de Economía, el crecimiento de la mora y la información que exhibe el Mapa de la Deuda confluyen en un mismo diagnóstico: en Argentina, el acceso al crédito aumentó, pero también creció con fuerza la cantidad de personas que ya no pueden pagar.
Los números resumen con crudeza esa tensión. Más argentinos que nunca encontraron una vía de financiamiento digital o no bancario. Pero al mismo tiempo, millones de ellos quedaron atrapados en una cadena de pagos que ya no logran sostener.



