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El salto que inquieta al mercado

El dólar volvió a superar los $1.500 y abrió un debate incómodo para el Gobierno: puede dar aire a exportadores y al turismo receptivo, pero también amenaza con recalentar precios, expectativas y deuda.

La divisa volvió a quedar en el centro de la escena económica. Según publicó La Política Online, la divisa saltó por encima de los $1.500 y, en lo que va de junio, ya avanzó por encima del ritmo de la inflación, un movimiento que el mercado lee con doble mirada: para algunos sectores representa un alivio frente al atraso cambiario, pero para otros puede transformarse en una nueva fuente de presión sobre precios y expectativas.

El dato aparece después de que el INDEC informara que la inflación de mayo fue del 2,1%, con una suba acumulada de 14,7% en los primeros cinco meses del año y una variación interanual del 33,2%. La inflación núcleo fue de 1,9%, mientras que los precios estacionales treparon 3,5% y los regulados 2,4%.

La suba del dólar tiene un costado favorable para exportadores, economías regionales y sectores vinculados al turismo internacional, que venían advirtiendo sobre pérdida de competitividad. Un tipo de cambio más alto mejora los ingresos medidos en pesos y puede corregir parte del atraso acumulado.

Pero el problema está en el traslado a precios. En una economía bimonetaria, cualquier movimiento del dólar suele impactar sobre alimentos, combustibles, insumos importados, alquileres, tarifas dolarizadas y expectativas de remarcación. Por eso, la pregunta que circula entre operadores y consultoras es si el movimiento cambiario será absorbido como una corrección ordenada o si marcará el inicio de una nueva presión inflacionaria.

El Banco Central mantiene vigente el régimen de bandas cambiarias, que permite la flotación del dólar dentro de un rango determinado. Según los indicadores oficiales del BCRA, al 23 de junio el límite superior de la banda se ubicaba en $1.796,13, por encima de las cotizaciones actuales, lo que en principio deja margen para que el dólar siga moviéndose sin intervención automática.

El Gobierno apuesta a mostrar la desaceleración de la inflación como principal activo económico, pero el salto del dólar amenaza con ensuciar ese relato. Si la suba se mantiene contenida, podría presentarse como una corrección necesaria. Si se acelera, el riesgo será que vuelva a encender la memoria inflacionaria y complique el sendero de precios de los próximos meses.

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